Daniela Gómez

Detrás de “Carta a una sombra”

Daniela Abad cuenta detalles de la planeación y producción de este documental que retrata la vida de su abuelo, el médico y activista de derechos humanos Héctor Abad Gómez.

Por Manuela Correa Puerta – manucorrea26@hotmail.com

Veinte años después del asesinato de Héctor Abad Gómez, su hijo, el escritor Héctor Abad Faciolince, publicó un extenso perfil de este médico que se caracterizó por la defensa de los derechos humanos en Antioquia. El libro El Olvido que seremos, a su vez, fue la inspiración del documental Carta a una sombra, dirigido por la hija de Abad Faciolince, Daniela, y su amigo Miguel Salazar.

El documental está dedicado a Héctor Abad Gómez, a toda su familia, incluso a Carlos Gaviria y Alberto Aguirre, quienes son nombrados como sobrevivientes. También a las personas que participaron del documental. Es una carta a todas esas sombras.

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Antes de hacer el documental, Daniela Abad, quien estudió cine de ciencia ficción, no conocía mucho de la vida de su abuelo, asesinado el 25 de agosto de 1987. Conocía lo básico: había vistos sus fotos, sabía que era un médico, salubrista y que había hecho mucho por Medellín, pero no sabía qué.

Y su padre le había contado un poco acerca de su familia y de Marta, una tía que murió por una grave enfermedad. Supo los detalles de esta historia cuando su padre le envió un manuscrito del libro ‘El olvido que seremos’. Lo leyó de corrido en un solo día mientras vivía en Barcelona (España). “Entonces fue una forma muy bonita, muy distinta, de conocer el pasado de mi abuelo”, dice.

Para reconstruir la vida de Abad Gómez, Daniela y Miguel hicieron una investigación exhaustiva de notas y audios que él constantemente le enviaba a su familia. Él los llamaba audio-cartas. Este trabajo lo hicieron a distancia porque ella no había terminado su carrera en Barcelona. Durante un año se dedicaron a mirar archivos, fotografías y, sobre todo, a escuchar esos audios. Después de escuchar casi cien horas clasificaron los temas más relevantes que iban a aparecer en el documental.

La familia no oyó los casetes hasta el momento en que fueron puestos en escena. Fue un recurso que los productores usaron para tener más vivo el sentimiento y ver cómo reaccionaban al escuchar la voz. “Oír la voz es algo muy fuerte, incluso más fuerte que ver una imagen. Es tener a la otra persona de la que uno habla muy, muy cerca”, dice Daniela.

Gracias al documental, Daniela conoció muy bien a su abuelo. De este acercamiento con él aprendió el valor de la valentía y de la sinceridad con uno mismo. Para ella son dos características muy importantes porque que hacen posible la relación con las demás personas, con uno mismo y, sobre todo, porque permiten ser feliz y libre.

Ahora, cuando tiene que tomar alguna decisión, intenta aplicar estos principios. “Hay otra sensación que a uno le queda muy fuerte de él: ese entusiasmo por la vida. Si uno lo oye le da como muchas energías para vivir, para seguir y para hacer muchas cosas”, expresa Daniela.

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Para Daniela, Carta a una sombra fue un aprendizaje muy enriquecedor. Gracias a la trayectoria de Miguel Salazar –casi diez años-, ella aprendió sobre la producción de documentales y del cine en general. Con él preparó entrevistas, seleccionó partes del libro para reconstruir escenas, seleccionó personajes y grabó. Por lo general, en el set solo había tres personas: el entrevistado, Miguel que hacía de cámara y Daniela que hacía las preguntas.

Tras la edición de las entrevistas, las transcripciones de audios y la selección cuidadosa de cada parte para construir la historia, el resultado es un documental triste y doloroso. Sin embargo, también es un documento de esperanza. Daniela considera que hay que enfocarse en los buenos y resaltar los aspectos positivos que hace cada uno, así como lo hizo su abuelo.

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La familia Abad siempre tuvo muy claro que no quería realizar un documental lleno de rabia. Después de hablar bastante sobre el tema concluyeron que la verdadera victoria de la familia contra los asesinos es, precisamente, haber conservado la bondad, la capacidad de seguir viviendo, de ser muy alegres y de hacer cosas por los demás. Es decir, conservar el legado que Héctor Abad Gómez les enseñó.

“Esa es como la verdadera batalla. Y la victoria es que siga vivo hasta hoy de otras formas, como lo han sido el libro y el documental. Entonces tocar el rencor es darle demasiado valor a los asesinos, es mejor, tal vez, olvidarlos”, dice Daniela.

El asesinato de Héctor Abad Gómez no se olvida. Sin embargo, la familia no se quería centrar en el rencor ni en la rabia ni en el asesino. No quisieron centrarse en una figura porque están convencidos de que la vida de su ser querido no fue arrebata por una persona sino por una filosofía que mata. La verdadera hipótesis es, que quién lo asesinó, fue una manera de pensar, que evidentemente, no aceptaba otras formas de ver el mundo.

Fotografía: Daniela Abad estudió cine de ficción. Foto: Manuela Correa Puerta.

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