El desagradecido oficio de barrer una ciudad

Cientos de personas anónimas laboran en la limpieza de las calles. Una de ellas es Amanda Arroyave, quien afirma que su trabajo es difícil: a sus ocho horas bajo el sol o la lluvia y a su salario mínimo se suman las miradas de quienes no valoran lo que personas como ella realizan.

Reportaje gráfico de Juan Pablo Morales Restrepo – jmoral17@eafit.edu.co

Algo que le pone triste y le preocupa a Amanda Arroyave García, de 48 años, es que “la gente piensa” que su trabajo “es mediocre”. Y agrega: “Yo creo que no, uno trabaja para mantener la ciudad muy limpia. Las personas desconocen que lo que nosotros hacemos es con mucho esfuerzo y  amor”.

Su rutina es simple: “Todos los días me levanto a las tres de la mañana, salgo antes de las cuatro y por aquí (en la avenida El Poblado de Medellín) estoy a las 4:45 a.m. Empiezo a laborar a las cinco y miro cómo está todo, si hay regueros de líquidos o no. Después empiezo mi labor normal hasta las dos o dos y media, depende de cómo esté el voleo”.

El salario mínimo que devengan mensualmente ($689.000) se hace corto para lo que necesita, sin contar los esfuerzos que le toca realizar: “Yo con eso pago el arriendo, parte de los servicios y el transporte de mi hijo Dylan Arroyo Arroyave, quien tiene siete años de edad”.

Para ella, lo más complicado de su trabajo son los regueros de líquidos, pues hay que sacar un buen tiempo y eso hace que su labor se prolongue y no pueda terminar en lo previsto: ¨Si no termino la correría me toca quedarme y terminarla porque los jefes pasan revisando una vez en la mañana y otra en la tarde, y si ven que algo quedó mal, me reportan”.

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