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El luto se viste de verde

Hace exactamente un año, el 28 de noviembre de 2016, el mundo futbolístico sufrió una de las principales tragedias: el accidente en Antioquia del avión que transportaba al equipo basileño Chapecoense.

Por Jonathan Jiménez Hernández – jjimen43@eafit.edu.co

“¡Vamos, vamos Chape!”. Ese fue el himno que se escuchó en Santa Catarina, Chapecó, un estado ubicado en el sur de Brasil, el 23 de noviembre de 2016. Esa fecha resultaba ser histórica para los habitantes de ese lugar, pues su equipo lograba llegar a la final de un certamen internacional, la Copa Suramericana, y lo hizo dejando en el camino a uno de los equipos históricos del continente: San Lorenzo de Almagro, de Argentina.

Una semana después el luto se vistió de verde, algo curioso si se entiende que este color es el que representa la vida. Pero no me vengan con el cuentico de que así lo quiso el destino: cosas del destino es que un barco o un avión sean partidos en dos por un rayo.

Pensaría que este suceso se pudo evitar teniendo en cuenta las investigaciones del accidente en las que este se le atribuye en altos porcentajes a errores humanos.

Y es que estamos en un continente donde todo gira en torno a la corrupción y la improvisación. Soy de los que piensa que en Europa el avión de un equipo de fútbol que viaja para disputar una final internacional no se caería por falta de combustible; repito, estamos en Suramérica.

Aquí todo hay que llamarlo por su nombre y es negligencia. No es posible que la toma de malas decisiones terminara costando la vida de 71 personas (19 futbolistas, 18 miembros del cuerpo técnico, 22 periodistas y 7 personas más de la tripulación), la mayoría con el sueño de salir campeones del continente.

“No está muerto quien se va, está muerto quien se olvida”, dice un viejo adagio y después de aquellos gestos de hermandad entre colombianos y brasileños, no sé… me da la impresión que un año después de aquel fatídico día se ha ido olvidando este suceso luctuoso.

 

Salvo aquellos partidos de solidaridad entre las selecciones de Colombia y Brasil a principio de año y del encuentro de la Recopa Suramericana entre Atlético Nacional y el cuadro brasilero, poco se volvió a tocar el asunto.

 

Un año después de la tragedia que hizo del Atanasio Girardot un escenario vestido de blanco y lleno de velas, flores y luces de celulares, con más de 52.000 personas dentro y fuera de él, poco se comenta sobre la tragedia del Chapecoense.

Y aunque en Medellín exista un bar con el nombre de la escuadra brasileña y tenga como propósito “homenajear” a las víctimas de este accidente, soy de los que considera que aquí, más que rendirles tributo a estas personas, hay un interés monetario.

Hoy después de 12 meses, la actualidad es muy distinta: por un lado, después de este hecho lamentable el equipo brasileño en participaciones internacionales tuvo aceptables resultados (tercero en la Copa Bridgstone Libertadores, siendo eliminado en octavos de final en la Copa Suramericana y perdiendo la final de la Recopa Suramericana ante Atlético Nacional); eso sí, logró mantener la categoría y se sitúa en la novena posición del Brasileirao Seria A.

Mientras tanto, Atlético Nacional, equipo rival, es hoy muy criticado (ha conseguido solo un punto de los últimos 12 en disputa) y el apoyo de la hinchada a su equipo es poco (aproximadamente 17.000 espectadores) porque el estilo de juego, a diferencia del de hace un año, no llena la retina de los hinchas.

Otra razón más para afirmar que el luto se viste de verde.

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