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Un lugar que lleva del dolor a la reflexión

En el Museo Casa de la Memoria, ubicado cerca al Parque Bicentenario de Medellín, se exhiben creaciones que no se aprecian como obras de belleza; por el contrario, estas piezas producen dolor y llevan a la reflexión. No es una exposición común, es un museo para los recuerdos de las víctimas de la guerra del país.

Por Carolina Franco Villegascfranco7@eafit.edu.co

Entrar al Museo Casa de la Memoria es recorrer un túnel oscuro que desciende para luego encontrar la luz. Tal vez esa sea su intención: reconocer el dolor de miles de víctimas, pero entender que hay una esperanza en el porvenir.

En sus casi 3.800 metros cuadrados construidos en tres pisos, los espacios representan las memorias del conflicto armado que ha vivido el país por más de 50 años. Fotos, videos, interacciones audiovisuales, textos y recuerdos que logran visibilizar tanta crueldad e injusticias presentadas, con el objetivo de transformarlas en aprendizajes sociales.

El lugar, ubicado en el barrio Boston de la Comuna 10 de Medellín, es un santuario para valorar las vidas de más de seis millones de víctimas de la guerra en Colombia, reflexionar sobre lo ocurrido y llegar a la reconciliación, pues así se encuentra sentido a la memoria.

Desde el año 2006 se planteó la idea de un espacio para la memoria, pero solo hasta 2013 el museo abrió sus puertas al público. Ahora, gracias a la Alcaldía de Medellín, esta colección es una realidad: un lugar para que los afectados se dignifiquen y se reúnan las historias de muchos de ellos para garantizar la no repetición.

La actual situación en la que se encuentra Colombia es crucial: las negociaciones de paz entre el Gobierno Nacional y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) son la meta final para la terminación de la guerra con este grupo armado y el sufrimiento de más de cinco décadas.

El Museo Casa de la Memoria, como actor primordial de paz, se enfrenta a nuevos retos que le permitan establecerse como referente en el posconflicto, como un lugar de reflexión, de propuestas, pensamientos y encuentros.

La memoria en voz de una mujer

La nueva directora del Museo Casa de la Memoria es docente de la Universidad Pontificia Bolivariana y colaboró en la creación del proyecto “Preparémonos para la Paz” de la Gobernación de Antioquia.

La nueva directora del Museo Casa de la Memoria es docente de la Universidad Pontificia Bolivariana y colaboró en la creación del proyecto “Preparémonos para la Paz” de la Gobernación de Antioquia.

A las 8:00 a.m., en el tercer piso cruzando la biblioteca, se ve entrar a Adriana Valderrama. El vestido verde esmeralda luce bien con su sonrisa.

Es investigadora, docente, psicóloga y experta en Justicia Transicional. Conoce los temas de paz y conflicto, pues realizó una maestría en la Universidad de Ulster, en Irlanda del Norte.

Y por eso, de usuaria pasó a ser directora. Veía la necesidad, desde hace algunos años cuando llevaba a sus alumnos al espacio, de ampliar el público del museo y generar un cambio sin provocar rupturas en los proyectos.

“El museo tiene una enorme capacidad para convocar, siempre lo noté, pero las personas que participan de él ya son un público muy establecido. El sitio no es solo para las víctimas, pero eso pocos lo saben.

¿Cómo enganchar a otros sectores de la sociedad que, aunque no se identifiquen como víctimas, puedan conocer lo que ha sido el conflicto, vivan todas las memorias, participen de la agenda y se apropien del lugar?”

Saluda a sus compañeros mientras se toma un vaso de agua. Explica cómo afronta este reto para que otros estudiantes, políticos y ciudadanos de todas partes intervengan el espacio y haya un balance de diferentes voces y memorias alrededor de lo que es el conflicto en el país.

Cambios en algunas narraciones

“Lo primero es que estamos revisando los relatos de la Sala 2, un espacio que tal vez, inconscientemente, está responsabilizando a ciertos actores con la narración”.

Presentar un relato neutro es su primer reto. La Sala 2 del Museo Casa de la Memoria rinde tributo a los desaparecidos pero, según ella, necesita un cambio para que pueda haber reparación: dejar de adjudicar culpas.

Esa es la apuesta a la que se mide esta mujer que, convencida por sus ideas, afirma que para señalar a los victimarios hay otras entidades, comisiones de verdad y de ajusticiamiento. Esta sala no debe hacerlo.

Valderrama agrega que el ejercicio del museo tampoco es esclarecer verdades, es un lugar para exponer un orden de cosas muy complejas que el país ha vivido.

“Tenemos que ser neutrales para mediar entre las diferentes orillas, versiones y experiencias alrededor de un mismo conflicto. El Museo Casa de la Memoria viene a ser más un espacio de convocatoria y articulación, que un sitio donde tengamos una verdad resuelta y unas responsabilidades adjudicadas.”

Conocer la cara del museo

Los rostros que cuelgan de las paredes blancas del búnker de concreto buscan esperanza. Se pueden enumerar más de cien retratos de jóvenes, adultos y ancianos con miradas desoladas. Unas combinadas con miedo, otras más con rencor.

La mirada de la mujer de ojos verdes expresa ilusión. Son las ganas que tiene Adriana de convertir el espacio en un museo visible, pues aunque ellos mismos aseguran estar “en el corazón de la ciudad” muchos no lo conocen.

“Me han llegado a preguntar: ¿qué es eso?, ¿qué hacen allá adentro?, ¿hay cerebros?”, cuenta Valderrama queriendo legitimar el proyecto para que se convierta en un espacio reconocido y común para la ciudadanía.

La Casa de la Memoria ha evolucionado durante ocho años con sus múltiples exposiciones, talleres y conversatorios con grupos de víctimas y victimarios que han ayudado cada día más a aproximarnos a la paz.

La casa de las musas

La palabra “museo” viene del latín musēum y este a su vez del griego Μουσείον, que significa “la casa de las musas”. La principal razón de ser de estas deidades era la protección de las artes y las ciencias, y la inspiración a los artistas.

Adriana Valderrama comenzó a ser la musa de la Casa de la Memoria, pues entre sus planes está facilitar la inspiración para muchos otros.

Dentro de los cambios que quiere realizar, la asignación de los recursos ocupa los primeros renglones: “Queremos fomentar el trabajo con diferentes universidades, colectivos y con la sociedad civil para que todo el que quiera pueda participar de las convocatorias y nos mostremos frente a la ciudad de una manera más equitativa”.

Con una invitación para toda la ciudadanía, pretende motivar la inspiración brindando 40 becas, equivalentes al 35% de los recursos presupuestales del lugar, para apoyar diferentes proyectos sobre memoria.

“Estamos dispuestos a ofrecer apoyo económico y metodológico para que cualquier persona, no solo víctimas, pueda desarrollar una idea y generemos una red entre la academia, los individuos, inversionistas y expertos, y podamos construir juntos memoria colectiva”.

Con las universidades

Aparte de invertir en estos temas, el museo continúa con los proyectos que ha venido realizando junto a algunas instituciones educativas de la ciudad. Entre ellas están las universidades de Antioquia, Pontificia Bolivariana, EAFIT y el Instituto de Bellas Artes.

“A los 15 días de empezar en mi cargo, me reuní con Juan Luis Mejía, el rector de EAFIT. Todo surgió porque me inquietaba mucho la idea de que en el museo no estaban permitiendo la entrada de los niños a la Sala 2. No me parecía lógico.

Entonces pensé en alguien que nos pudiera ayudar con una metodología para que los menores interactuaran con los contenidos de esa sala, que son complejos, y le comenté a Juan Luis: ‘necesito tus niños de la Universidad de los Niños’.

Lo mejor de todo no solo fue que él aceptó, sino que propuso desarrollar el proyecto en una escala mayor, hacer un convenio mucho más grande”.

La propuesta del rector llegó en el momento más oportuno, pues Adriana tenía un compromiso con la exposición de Anne Frank, una donación que hacen los Países Bajos al museo original, en Holanda, y ellos le mandarían algunas piezas. Pero el museo no tenía una metodología para recibir a los niños.

“De ahí salió Por mí, por ti y por todos. Es una reflexión que hacemos con los jóvenes y que luego recorrerá la ciudad por los colegios y por los espacios de cultura”.

Ahora, pequeños y grandes podrán interactuar dentro del sitio, escuchar los testimonios entre las paredes y observar aquellos rostros que buscan respuestas.

Presentar memorias cuando aún hay conflicto

Antioquia encabeza la lista de los departamentos más afectados por la violencia durante los últimos 50 años, pero también es donde más iniciativas oficiales de memoria se han registrado.

Según un informe del Centro Nacional de Memoria Histórica del 2009, han sido 44 eventos, seguido por el departamento de Cundinamarca, con 40.

Según un informe del Centro Nacional de Memoria Histórica del 2009, han sido 44 eventos, seguido por el departamento de Cundinamarca, con 40.

Estos han sido los recuerdos que miles de familias antioqueñas exhibieron en sus municipios:

En estos tiempo de posacuerdo lo que se busca es prepararnos para la paz. El Museo Casa de la Memoria recibe invitados internacionales para que también conozcan las memorias, puedan investigar y aporten a la construcción de paz.

“Recibimos la visita de Gonzalo de Cesare, un peruano que estuvo encargado del tribunal en Ruanda y del ajusticiamiento de Milosevic en Yugoslavia, pero también hemos tenido al Canterbury Peace Institute, desde Texas, al Centro Catalán para la Paz y a Jenny Pearce, de la Universidad de Bradford”.

Y aunque todos los conflictos presentan contextos económicos y geográficos completamente diferentes, Valderrama asegura que al comparar las experiencias internacionales se puede aplicar algunas enseñanzas para el nuestro.

Avances y estancamientos

“En Irlanda del Norte, Ruanda o Sudáfrica los ejercicios de paz se dan en unos espacios puntuales, donde no son precisamente regulados por la justicia penal sino que se promueve la escucha, se comprende qué es lo que sucede y es la única manera de garantizar la no repetición.

Al comparar los procesos de países como Yugoslavia y Ruanda, uno ve mucho más estancado el proceso de Yugoslavia, siendo un país con una intervención de la economía mucho más poderosa que la de Ruanda.

Pero el proceso de Ruanda ha sido mucho más profundo en la medida en que se sientan los victimarios y las víctimas a hablar con los ciudadanos. No hay un juez, es la misma sociedad la que escucha las historias”.

Por esto, ella sueña con un lugar en Medellín en el que víctimas y victimarios del conflicto armado se encuentren para reconstruir verdad y memoria, y poder resignificarlas en nuevos aprendizajes.

“Medellín ya no se puede pensar solo como la ciudad en el posconflicto, se tiene que pensar también en relación con los municipios cercanos y lejanos. La ciudad tiene unas capacidades y unas experticias que otros sitios que van a ser grandes receptores de desmovilizados, no tienen”.

Pero, y ¿qué pasará con los victimarios?, ¿ya no habrá espacio para ellos?

“Ellos son muy importantes en todo este proceso. Hemos hecho ejercicios con ellos, de hecho los muchachos que se gradúan del Cepar, el colegio donde hacen todo el proceso de reintegración, lo hacen en nuestro auditorio.

Tenemos una exhibición que se llama ‘Más que dos’ es producto de un trabajo con victimarios de diferentes grupos armados. También estamos buscando una participación para algunos desmovilizados de las Autodefensas Unidas de Colombia.

Lo importante es generar esos espacios para que recuerden, vean el dolor de las víctimas y generemos garantías de no repetición”.

Avanzar, no quedarse en el lamento

“Si me preguntan, yo no me autodefino ‘víctima’ –afirma– pero fui adolescente en una Medellín violenta y es imposible pensar que en mi vida no haya tenido que tomar decisiones a causa de la violencia. Por eso me fui a vivir fuera del país mucho tiempo.

Al sentirse víctima uno siente que hay unas injusticias, pero tengo que saber qué voy a hacer para cambiar esa situación. De ahí salen muchos aprendizajes, es saber no quedarse en el lamento”.

¿Cómo superar el dolor?

“Fuera de lo que hago, paso mucho tiempo recordando, hago psicoanálisis, traigo los recuerdos y los resignifico. En la medida en que los resignifico sé qué hacer con ese recuerdo que de alguna manera me generaba tristeza, miedo, ansiedad, inseguridad.

El ejercicio de recordar no es para olvidar, sino lo contrario. Es recordar para resignificar y hacer de ese recuerdo una narrativa que dé un significado diferente en mi historia, pero que yo pueda continuar sin quedarme amarrada en esa memoria traumática del pasado que no me permite evolucionar en el presente”.

La responsabilidad que asume el Museo Casa de la Memoria no es pequeña. El perdón y la reconciliación de algunas víctimas y victimarios del conflicto armado se verán presentados en este lugar donde, además de ofrecerle una mano de apoyo a todos los ciudadanos, tiene que invitar a un país entero a cambiar el dolor por la reflexión.

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