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Un narcotour después de la demolición del Mónaco

Por Juliana Uribe y Alfonso Buitrago
juribee5@eafit.edu.co / abuitragol@eafit.edu.co

Hace un día soleado, hay pocos carros y algunos transeúntes buscan su lugar de trabajo o salen de sus apartamentos de clase alta a pasear sus mascotas. Es una mañana cualquiera de la semana en el sosegado barrio de Santa María de los Ángeles. En el famoso lote donde estaba el edificio Mónaco relucen los escombros, como si allí nunca hubiera pasado nada.

La visita de curiosos y extranjeros en pantalones cortos y chanclas solía romper la rutina del barrio y molestar a los vecinos, que no veían razón para que a alguien se le ocurriera visitar la ruina de un criminal mundialmente conocido, que con violencia y terror marcó la historia de la ciudad. Suponen –o esperan– que con el edificio demolido por fin enterraron el fantasma y los turistas se irán a buscar la misma historia por otros rumbos.

La realidad es que la curiosidad no se detiene con dinamita y los imaginarios crecen y se multiplican en el vacío. “Aquí quedaba el edificio Mónaco, residencia del narcotraficante Pablo Escobar”, dicen los guías de narcotoures que siguen satisfaciendo una demanda cierta. A la portería oxidada del edificio llega una van blanca de la que desciende casi una veintena de turistas holandesas, todas mujeres, muy jóvenes y muy rubias.

Oriundas del país que ha sido paradigma mundial de la regularización y normalización del consumo recreativo de la marihuna, vienen a que les cuenten la historia de las consecuencias opulentas y trágicas de la guerra contra las drogas.

Samuel Vélez, 28 años, negociador internacional, egresado de la Universidad Eafit se llama el guía que intenta incorporar los deseos de historias de película de sus clientes en tours de transformación social para propiciar cambios de imaginarios colectivos. Es gerente de la Cámara de Comerciantes LGBT de Colombia para Medellín y guía turístico de la ciudad. Un emprendedor del turismo en todo el sentido de la palabra.

A unos 100 días de la demolición de edificio Mónaco, a propósito de los narcotours, de la memoria histórica y de lo que significa la figura de Pablo Escobar, hablamos con Samuel para reflexionar, desde su mirada como operador y emprendedor del sector turismo, lo que está pasando con estos temas hoy en la ciudad.

¿Cuál es el foco de sus proyectos en este momento?

Estamos tratando de replicar rutas de transformación. Más o menos lo que ha estado sucediendo en la Comuna 13, donde vemos un ejemplo muy inspirador de la transformación de Medellín, que se replica en el resto de la ciudad. Queremos estructurar rutas de turismo socialmente responsable en otros sectores de la ciudad, donde también se han llevado a cabo procesos de transformación y así involucramos actores de diferentes partes de la ciudad para que también se vean beneficiados por este tipo de procesos.

Hablando de los llamados “narcotours”, ¿cómo nace este tour en la empresa, qué nombre tiene, cuáles son sus características, qué los diferencia de los demás que venden en la ciudad?

La agencia en la que trabajo como guía turístico tiene su propuesta de tours específicos y dentro de su propuesta principal, en un primer momento, no se había incluido el tour de Pablo Escobar, pero la demanda de este tour es muy grande y, obviamente, si usted es un operador turístico local, va a querer suplir esa demanda.

Hay ciertos lugares que se visitan, información que se debe compartir, pero el tour depende mucho del guía. Es el que tiene el hilo de la historia, comparte la información, organiza qué hechos se van a contar, dependiendo de los lugares que se están visitando.

¿Cómo es su acercamiento particular con este tipo de tours?

En un principio, cuando me decían que hiciera el tour de Pablo Escobar, no estaba tan emocionado, precisamente por toda esta desinformación que uno escucha al respecto y por el hecho de que uno es consciente del daño tan grande que este personaje hizo.

En última instancia, quise hacerlo, empezar a conocer un poco más de esa historia. Ser guía me ha hecho conocer mucho de la ciudad, cosa que antes, incluso viviendo acá, desconocía. Eso le pasa en general a las personas. Uno no es turista en su propia casa.

¿Hace cuánto está haciendo el tour de Pablo Escobar?

Aproximadamente un año y medio.

¿Cuántos tours hacen y qué cantidad de turistas reciben?, ¿cuántos demandan el tour de Pablo Escobar para dimensionar el interés de los extranjeros?

Desde mi experiencia, diría que un 50 por ciento lo pide. Lo que pasa es que el paquete de tours lo organiza la agencia y yo soy el que ejecuta, entonces no tengo incidencia en la toma de decisión del cliente.

¿Los tours no siempre incluyen el recorrido de Pablo Escobar?

No, no siempre. Uno que casi siempre hacemos es el tour de transformación y dentro de él hablamos de Pablo Escobar. Muchos colombianos se ofendían cuando recibían preguntas de Pablo Escobar o los extranjeros preguntaban por él.

Me empecé a dar cuenta de que la reacción no es enojarse, de que yo, como guía turístico, tenía una responsabilidad muy grande de compartir esa historia. Son cosas que pasaron, es histórico, no tiene sentido ocultarlas o ignorarlas, incluso haría más daño cuando se ignora o se oculta, porque el turista, sí o sí, va a venir con esa perspectiva.

A Pablo Escobar inmediatamente lo asocian con la ciudad, eso siempre estará presente. Es tarea de uno mirar el imaginario que traen, si están equivocados y enfocarlos, contar la historia real, poniendo los protagonistas reales que, en mi opinión personal, son las víctimas, las que en verdad sufrieron durante todo este tiempo.

¿Qué sucede cuando los turistas piden información sobre Pablo Escobar?

Cuando me encuentro con estas personas que quieren saber y conocer mucho de Pablo Escobar, a veces uno nota el amarillismo o el morbo que genera, porque la historia sigue siendo interesante, entonces se debe hacer el acercamiento a este tema.

No se trata de exaltar el estilo de vida que este hombre tuvo, que muchas veces es lo que pasa en series de televisión y es el imaginario con que las personas llegan, se trata de contar la historia real, qué fue lo que pasó, cuál fue el efecto que tuvo en su momento y el efecto que todavía existe, porque la consecuencia más grande que tuvo Pablo Escobar para el país en general, pero específicamente en Medellín, fue que la violencia se convirtió en algo normal, algo que permea nuestra cultura, que todavía en estos momentos estamos tratando de mejorar. Si nos ponemos a ver, la historia reciente de la ciudad viene siendo una consecuencia de lo que Pablo Escobar fue.

¿Qué experiencias ha tenido con los extranjeros? Mencionó los imaginarios, ¿cuáles son específicamente esos imaginarios?, ¿qué idea tienen los extranjeros de Pablo Escobar?

Cuando comencé, las personas que pedían el tour de Pablo Escobar querían la película. Querían los datos raros, excentricidades, conocer su vida, cómo llegó al punto al que llegó. Entonces, entrábamos en ese tema, pero yo siempre enfocaba la historia en el después de…

Ellos llegan con el sobrenombre con el que por alguna razón se empezó a conocer que era el Robin Hood colombiano, con esa imagen, y yo les explico de dónde sale ese sobrenombre, cuando estaba persiguiendo una carrera política, pero después les cuento: No es el Robin Hood que le roba a los ricos para darles a los pobres, la fuente del dinero venía de algo totalmente diferente, y el ayudar a los pobres no era porque fuera el mejor hombre, sino porque necesitaba votos.

¿Ha cambiado en algo esa mirada desde que iniciaste como guía de este tipo de tours?

Actualmente está pasando que las personas cuando llegan acá sienten alguna resistencia de preguntar; no son directos al querer saber de Pablo Escobar; sienten que se lo pueden tomar a mal, que de pronto es un tema delicado y ya llegan sabiendo que es un hombre malo. El imaginario de Robin Hood no es tan común en lo que he podido ver actualmente, los extranjeros llegan sabiendo que sí fue una persona mala, pero quieren saber de él.

¿Cómo son los turistas que usted recibe?, ¿cómo los podría caracterizar y por qué cree usted que quieren conocer esa historia?

Los grupos de turistas son en realidad muy variados, grupos de familias, amigos, personas mayores, es algo que interesa a un rango muy amplio. Desde los adultos más mayores, porque históricamente escucharon de qué se trataba, entonces llegan con ese interés, hasta más jóvenes, por este boom que existe de series, películas, entonces ponen ese personaje en la cabeza de las personas y quieren conocer, ¿por qué?, porque es interesante.

Llegó a ser uno de los personajes más poderosos y ricos del mundo, y todo el tema de violencia sigue atrayendo, el amarillismo y el morbo estarán presentes. Por eso digo que la responsabilidad es de nosotros, de enfocar lo que de verdad es importante: cómo este personaje histórico afectó a la realidad local, cómo afectó las dinámicas sociales y, al día de hoy, las sigue afectando.

¿Cómo es el recorrido que hacen, cuáles son los puntos a los que van?

Específicamente tiene cuatro o cinco puntos que visitamos: la tumba en el cementerio de Itagüí; el otro es el edificio Mónaco; la mal llamada Virgen de los Sicarios en la Aguacatala, también se va a La Catedral, en Envigado; y un último punto que es donde me gusta terminar el tour es el parque de San Antonio, en donde están las dos esculturas de Botero, el ave destruida y el ave renovada.

Me gusta terminar el tour ahí, porque es un ejemplo muy grande de cómo la ciudad ha enfrentado esta situación de violencia, en donde sí, la destrucción está presente, pero seguimos aquí, resistimos y eso está representado en la escultura. Ahí es donde cerramos el tour y me enfoco en el después de…

Cuando estalló el pájaro de Botero, se quiso retirar la escultura para no mostrar la violencia, la destrucción, lo que no nos gusta y hiere. Una de las decisiones trascendentales del maestro Botero fue pedir que ese pájaro permaneciera allí tal cual quedó y él donaría otro, como muestra precisamente de lo que nos duele, de la violencia. Y así pudiéramos tener ese espejo, quizás con esa intención de mostrar lo malo para poder ver lo bueno. ¿Qué pasa ahora que no está el edifico Mónaco? ¿Cómo ha cambiado su discurso y cuál es la reacción de los turistas?

Ese cambio en el discurso comenzó antes de la destrucción, cuando pusieron las vallas en la fachada que recalcaban el número de víctimas, los efectos negativos que en realidad tuvo Pablo Escobar. Cuando pusieron esas vallas me empezó a gustar más ir al edificio Mónaco. Porque mi historia estaba basada en eso y las vallas, con esa información, respaldaban lo que yo estaba diciendo.

Cuando yo llegaba el discurso se enfocaba más en eso, contar también este fenómeno de la “narco-cultura”, que llamamos en Medellín, el narco-turismo que empieza a generar la imagen de Pablo Escobar, las películas etc.; contar cómo se desarrolló y por qué se convirtió en algo negativo para la ciudad, por qué es irrespetuoso para ese número de personas que en realidad vivieron en carne propia los efectos negativos de esa guerra. Cuando veían esas vallas, las personas aterrizaban mucho más, decía: “Uy, okey, sí, ya entendí”.

¿Y después de la demolición?

En este momento, cuando ya el edifico no está, cuando voy con los turistas, les cuento el mismo proceso: les cuento del edificio, todo el fenómeno de narco-turismo, narco-cultura, cuando la ciudad empezó con esta campaña donde puso unas vallas, qué va a pasar en ese espacio, que ya lo que se quiere es resaltar la memoria de las víctimas, honrar de una forma muy respetuosa a las personas que se vieron afectadas y que se convierta en un sitio para ayudar a estas personas que hasta el día de hoy siguen sufriendo los efectos negativos, que encuentren allí alguna forma de sanar o seguir en ese proceso de reconciliación, que es bien difícil de todas formas.

¿Cuáles son esas impresiones que se llevan los extranjeros? ¿Le parece que cambia el imaginario que tenían?

Un trabajo bien hecho significa que cambié el imaginario, me lo pongo como una misión personal. Cuando veo que hay tour de Pablo Escobar, yo digo: “Listo, independiente de las personas que reciba, las que voy a despedir van a ser más conscientes de lo que sucedió acá”. Y siempre veo ese efecto, esas personas son un poco más conscientes; es muy impresionante para ellos, es muy emotivo, ellos buscan esa aventura, ese morbo, ese amarillismo, pero hablamos de lo trágico, de cómo realmente fue, cómo fue que esas personas vivieron esos años.

¿Tiene alguna experiencia personal con esa época?

Yo no la viví. Nací en el 91, era demasiado pequeño para recordarlo, pero siempre involucro las historias de mi papá y de mi mamá, que ellos sí vivieron durante ese tiempo y tienen historias muy impresionantes. Luego hablamos del después, de cómo debemos ser respetuosos hacia estas personas y todo el proceso de transformación que la ciudad ha tenido. Ver que este tipo de cosas no pasaron tan atrás en el tiempo y ver el momento en el que está la ciudad el día de hoy, les llama mucho la atención, les emociona, la reacción es de una impresión muy gratificante.

Ahora, en ese vacío del edificio Mónaco, ¿siente que las preguntas de los turistas han cambiado?

La pregunta más común que recibo en este momento que no está el edificio es: “Bueno, ahora qué estamos haciendo acá viendo un montón de escombros”, y es ahí cuando les cuento toda la historia. Muchas veces trato de decirles que hay muchísimas otras cosas para ver en Medellín. De todas formas, la historia se cuenta, pues yo me enfoco en todas las historias de transformación de la ciudad, siempre tenemos que hablar de Pablo Escobar, sí o sí hay que hablar, me parece que es importante y necesario.

Si no, no hubiera transformación.

Exacto. Y muchas veces cuando vamos a esos lugares, vemos muchos locales vendiendo camisetas o la taza con la imagen de Pablo Escobar, entonces es bien contradictorio en la cabeza el turista. Yo vengo diciendo un montón de cosas y después llegamos a un local donde están vendiendo cosas con la cara de Pablo Escobar y yo les digo, si la demanda está, la oferta va a estar, pero si ustedes se ponen a mirar, no van a ver a un colombiano utilizando la camisa de Pablo Escobar o una taza, nada, eso es para turistas.

Y también me estoy dando cuenta de que eso ha disminuido, no se ven ya tanto esos productos, y es algo interesante. Pero hay preguntas y comentarios impertinentes: “Ay, ustedes también lo están idolatrando”, “cómo van a tener una camiseta de Pablo Escobar”, entonces es ahí cuando les hago la contextualización y cambia la mentalidad.

Hablemos de esos otros lugares que conforman el tour, ¿qué pasaría si la lógica de tumbar el Mónaco aplicara para esos otros lugares?, ¿qué pasaría si tumbáramos La Catedral, si quitáramos la virgen de la Aguacatala?

Tumbar la virgen de la Aguacatala no me parece que sea adecuado, además, si ustedes ven el contexto de la virgen en este momento es totalmente diferente, es un lugar de fe.

Pero ¿qué pasaría si tumbáramos los lugares que tienen la marca de Pablo Escobar? ¿Si la lógica de que tenemos que tumbar el Mónaco para cambiar el discurso la aplicáramos a otros lugares?

De hecho, en el momento en el que me doy cuenta de que van a tumbar el Mónaco, incluso con el mismo grupo de guías, hay esa discusión. Algunos en contra, otros a favor. Querer atacar este contexto destruyendo, de pronto no; ahora, el proyecto estaba dirigido con otro objetivo.

La idea es cambiar el lugar y construir otro espacio diferente, pero destruir, querer esconder y no hablar más de Pablo, no creo que sea adecuado, es algo que existe y no va a cambiar y tiene un efecto muy importante en el desarrollo de la ciudad y del país. A mí me parece que es importante hablar al respecto, conversarlo de la forma correcta.

Es girar ese efecto para que se vuelva positivo y es ahí donde nos enfocamos en los líderes, los grupos sociales de transformación, colectivos artísticos, que han vivido realidades muy fuertes, que uno siendo de aquí muchas veces está en una posición muy privilegiada y no se alcanza a imaginar.

Ahora, imagínense a una persona que viene del exterior, que casi siempre viven en burbujitas, es necesario hacer el acercamiento al tema de la forma más correcta y a mí me parece muchísimo más impresionante el estado actual de la ciudad, teniendo en cuenta todo lo que pasó antes.

Ha mencionado varias veces que hay que contar la historia como es. ¿Cómo se documentan ustedes? ¿Cuál es “la historia que es”?

Depende mucho del guía. En ese momento uno es el que tiene la palabra y la responsabilidad grande de “contar las cosas como son”. ¿Dónde nos documentamos? Al menos yo lo hago en el Museo Casa de la Memoria, uno de los lugares más impresionantes de la ciudad y que siempre recomiendo.

Tiene muchísima más información y desde un enfoque más acertado, porque lo que quiere hacer el Museo Casa de la Memoria es justamente hacer memoria, honrar a las víctimas, poner como protagonistas a las personas.

Es uno de los sitios que quien esté interesado en descubrir esta historia, deben ir allá. Hubo un momento donde ellos tuvieron una exposición hablando específicamente de Pablo Escobar, de esos años, de lo que sucedió. Es una fuente muy acertada. De todas formas, también leemos, también me parece interesante tener la información que tienen los turistas; es decir, las series, esa parte sensacionalista, para tener ese punto de comparación y saber qué sí y qué no.

¿Se incluye el Museo Casa de la Memoria en los tours de Pablo Escobar?

En el tour de Pablo Escobar no está, pero yo trato siempre de incluirlo. Al principio en los grupos que estoy les explico de qué se trata, les pregunto si lo visitamos también y normalmente me dicen que sí.

¿Y cuál es la reacción una vez están ahí?

A veces salen como tristes, porque es fuerte, en realidad es muy fuerte. Pero creo ese precisamente es uno de los objetivos, pues listo, si quieres conocer la historia de Medellín, venga yo se la cuento, pero es esta y estemos preparados para recibir lo que vamos a escuchar, entonces sí se ve que cuando salimos del lugar los ánimos están más bajos. Pero las personas quedan muy agradecidas y me lo hacen saber, porque descubren en realidad lo que es la ciudad. Nos salimos del sensacionalismo y aterrizamos en la realidad.

¿Cómo sería para usted la experiencia de que en el lugar del Mónaco hubiera una extensión del Museo Casa de la Memoria, con un contenido curado por expertos?

De hecho, sería lo más acertado. Construir un monumento o algo bonito y ya me parece que se queda muy superficial, porque sigue estando atado a la interpretación y no contextualiza. Si somos conscientes, va a seguir llegando gente allá. Incluso se puede aprovechar el flujo de personas para mostrar algo más, sería algo espectacular, lo más acertado, que uno pueda llegar allá y aprender de la historia. Eso es lo que el turista busca. Querer saber lo que sucedió; entonces si hay algo más de contenido y algo que cuente más una historia, sería muchísimo más acertado.

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