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Un sobreviviente entre 86 muertos

Relato del minero que se salvó de la peor tragedia ocurrida en la zona de Amagá en toda su historia.

Era julio de 1977 y hoy, 36 años después, muchos en el pueblo recuerdan ese acontecimiento como si hubiera ocurrido ayer.

Texto y fotos Sara Mena Arriaga

bitacora@eafit.edu.co

 

Afuera de la mina, las sombras de la noche todavía cubrían la región. Quienes se encontraban dentro de la tierra no se dieron cuenta en qué momento y cómo pasó todo. Lo único que sintieron fue que en un instante ese oscuro mundo subterráneo donde estaban explotó, se les vino encima y los sepultó.

Raúl conserva las ediciones de 1977 de El Colombiano en las que se informó de la tragedia.

Raúl conserva las ediciones de 1977 de El Colombiano en las que se informó de la tragedia.

Solo uno de los mineros logró ser rescatado con vida y apenas seis meses después de su proceso de recuperación, ese hombre, Raúl Amaya González, se dio cuenta de que era el único sobreviviente de aquel desastre.

Han pasado ya 36 años, pero mantiene latente lo que pasó aquel día en las minas de carbón El Silencio y Villa Diana, propiedad de la empresa Industrial Hullera, ubicadas en jurisdicción del municipio de Amagá.

Por entonces eran las más grandes de la región del Sinifaná y aún mantienen el triste récord de haber dejado la mayo cantidad de muertos en un solo accidente: 86.

Con zapatos cafés, un jean de múltiples bolsillos, una camisa verde con gris y gorra azul, Raúl Amaya está sentado en el parque principal de ese municipio. Ya tiene 56 años y empezó a contar que trabajó durante 22 años y medio en las minas de carbón que hay en su pueblo.

Fue en la madrugada…

Con una mano en su pierna y mirando fijo comenzó a relatar lo sucedido aquel 14 de julio de 1977, fecha que aún se recuerda como la que marcó la peor tragedia vivida en esa localidad en toda su historia, situación de la que él, como único sobreviviente, puede hablar con propiedad.

“Madrugamos a coger trabajo como es de costumbre y entramos normal. Pero a eso de las 4:30 de la mañana se escuchó una explosión en la que murieron 86 compañeros”.

Siendo el primer maquinista de la mina, Raúl, quien quedó cerca a un compañero, empezó a rezar igual a como lo hizo siempre que iba a comenzar aquella jornada de trabajo. En cuestión de segundos no supo nada de quienes habían ingresado con él a ese socavón.

Sin saber qué pasaba, quedó enterrado cinco metros bajo tierra, con la angustia y la zozobra de saber si lo iban a encontrar.

Una vida sin ayudas

Pasaron dos eternas horas hasta que fue rescatado por el cuerpo de bomberos de la ciudad de Medellín. Raúl ya casi perdía las esperanzas de ser rescatado con vida teniendo en cuenta su estado, con el cuerpo prácticamente reventado.

Raúl conserva las ediciones de 1977 de El Colombiano en las que se informó de la tragedia.

Raúl conserva las ediciones de 1977 de El Colombiano en las que se informó de la tragedia.

“Yo perdí las esperanzas estando esas dos horas allá y parecía estar muerto, pero se dieron cuenta que estaba vivo porque me tomaron el pulso. Fui el primero que mandaron a Medellín… Y también el único”.

En esos seis meses de recuperación en ningún momento le contaron la magnitud de lo que había pasado con sus compañeros. La gente lo visitaba pero nadie le decía nada. Tras ser dado de alta y volver a su casa se enteró que 86 de sus colegas con los que trabajaba y departía en la mina faltaban en este mundo.

De inmediato llegaron la tristeza y la nostalgia, al mismo tiempo que la sorpresa de saber que era el único que quedó con vida.

“¡A usted lo deberían tener en un nicho como una reliquia por dejar tanta historia para este pueblo!”, cuenta Raúl que le dicen muchos periodistas y personas que han conocido su historia.

Raúl Amaya González asegura que esta es la hora en que no ha recibido ningún tipo de ayuda por parte de la Alcaldía de Amaga o de otra entidad del Estado. Por eso, con desazón, dice que después de la tragedia fue como si nada hubiera pasado.

 

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