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El arte de sanar


“Ni el Gobierno sabe cuántos discapacitados hay en Colombia”. Así se titula un artículo publicado en Vanguardia Liberal de Bucaramanga en el que se cuestiona la cifra de recursos públicos destinados a la población con discapacidad en el país.

Por Carolina Escobar y Mariana Hoyos
cescob55@eafit.edu.co / mhoyosa3@eafit.edu.co

Según el Dane, hay 2.624.898 personas con discapacidad, pero el Ministerio de Salud dice que son 1.121.274. Hay un desfase de un millón y medio de personas, lo que significa que la mitad de ellas no son objeto directo de los beneficios de las políticas y programas del Estado.

Si la mitad de las personas discapacitadas en Colombia no hacen parte de las cifras oficiales, ¿cómo se les pueden garantizar sus derechos? O por lo menos, ¿cómo se puede garantizar que entren dentro de los proyectos estatales enfocados en personas discapacitadas?

Si no hay cifras precisas es muy difícil que haya recursos suficientes para suplir las necesidades de toda la población discapacitada. Solo algunas personas que hacen parte de fundaciones o que tienen recursos propios pueden acceder a tratamientos como el arte terapia, los cuales no son muy comunes, pero ayudan significativamente a las personas con déficit cognitivo o motriz.

Pedro Álvarez y Luis Ángel en clase en el taller Blanco y Negro.

La American Art Therapy Association (AATA) define al arte terapia como “una profesión en el área de la salud mental que usa el proceso creativo para mejorar y realzar el bienestar físico, mental y emocional de individuos de todas las edades.

Se basa en la creencia de que el proceso creativo ayuda a resolver conflictos y problemas, desarrolla habilidades interpersonales, manejo de la conducta, reduce el estrés, aumenta la autoestima y la auto-conciencia y se logra la introspección”.

Este tipo de terapia ayuda significativamente a personas con necesidades especiales, es decir, que no tengan sus habilidades motrices o cognitivas totalmente desarrolladas. Esto se debe a que pueden mejorar sus relaciones sociales, hacer ejercicios de motricidad y sacar sus miedos a través de la expresión artística.

Decir ‘personas discapacitadas’ es muy amplio, pues todas padecen de dificultades diferentes y, por lo tanto, necesitan de terapias distintas en las cuales el terapeuta se tiene que acomodar a las condiciones de cada uno para que se sienta cómodo y pueda aprender efectivamente.

Las personas con necesidades especiales según Colombia Aprende son “aquellas con capacidades excepcionales, o con alguna discapacidad de orden sensorial, neurológico, cognitivo, comunicativo, psicológico o físico-motriz, que puede expresarse en diferentes etapas del aprendizaje”.

¿Cómo surgió el arte terapia?

Desde la antigüedad clásica se conocían los beneficios del arte en la terapia. Sin embargo, no fue hasta la Segunda Guerra Mundial que el arte se consideró un método de tratamiento en sí mismo.

Mientras Adrián Hill estaba en un hospital después de haber pasado por el campo de batalla, empezó a expresar su nostalgia y sus angustias a través de la pintura.

Más adelante, compartió este método con otros enfermos para ayudarlos a expresar sus miedos por medio de actividades creativas. Cuando terminó la guerra, Hill se convirtió en el primer terapeuta artístico.

Hace dos décadas el arte terapia se considera una disciplina en sí misma y está cada vez más cerca de la profesionalización del oficio. A pesar de esto, muchos artistas a lo largo de la historia reconocidos usaron el arte como medio para canalizar sus angustias, miedos y mejorar su autoestima.

Frida Kahlo, por ejemplo, sufría de Poliomielitis y de Espina bífida, enfermedades que le afectaron las piernas y la columna vertebral. Por medio de sus autorretratos se puede ver que gracias al arte expresaba sus sentimientos más profundos y esto la llevó a ser una de las artistas más reconocidas de México.

Otro caso es el de Vincent Van Gogh, quien a través de icónicas obras que mezclaban la naturaleza con su estado mental, logró convertirse en uno de los pintores más importantes del post-impresionismo.

La gran mayoría de sus obras las hizo en un hospital psiquiátrico y el arte fue el escape que necesitó del mundo en el que no se sentía comprendido.

Pedro Álvarez con una de sus primeras obras terminadas y acompañado del maestro Luis Ángel Hernández.

¿Cómo llegó el arte terapia a Medellín?

Dorian Flórez Zuleta es pintor, maestro y psicólogo de la Universidad de París VII Denir Diderot. Trabajó con la Fundación Caritas Internacionales en la rehabilitación emocional de niños refugiados de la guerra de Kosovo y Yugoslavia.

Los ayudó con terapias de pintura. En 2001 volvió a su municipio natal: Caldas, Antioquia, creó su propio taller donde actualmente es maestro de pintura figurativa y surrealista. También dirige clases, a través del arte terapia y la psicología, a personas con discapacidades o problemas sociales, emocionales o de drogadicción.

“Cuando llegué de Europa a Caldas, me enteré que había una escuela de niños, jóvenes y adultos con discapacidad físicas y cognitivas entonces los invité para que frecuentaran mi taller.

Posteriormente se creó el programa Pinceles por la paz donde tuvimos la oportunidad de acudir a muchos hospitales y municipios donde trabajábamos 150 artistas en talleres, con alrededor de 15 mil niños discapacitados.

Algunos trabajos los hemos realizado en el hospital San Vicente de Paúl y la Clínica Cariño con quemados, personas en cuidados intensivos y en oncología.

Lo importante con ellos, es que se les olvide, por ejemplo, que están en un hospital y que están encerrados en este problema de la enfermedad. Entonces con el arte terapia rápidamente cada uno se gratifica, porque encuentra una solución y puede plasmar esas emociones a través del arte”, explicó el maestro Dorian.

¿Cómo se vive el arte terapia?

“Él cogía el pincel en la mitad, demás que se aporreaba. Yo no me reía porque me daba pesar”, expresó Pedro Álvarez, joven cuadripléjico mientras contaba cómo le enseñó a su maestro a pintar con la boca.

Peter, como prefiere que lo llamen, tiene 22 años y se vio obligado a rehacer su vida después de la operación fallida de su médula ósea a los 14 años.

Él vivía la vida cotidiana de un adolescente, pero unas pequeñas ronchas en la piel, la repentina parálisis de sus piernas, sumado al mal procedimiento médico, lo paralizaron del cuello para abajo por el resto de su vida.

Por siete años una clínica privada en El Poblado fue su hogar. Entró como un niño y salió como adulto. Hoy vive en una casa de paso costeada por la EPS en la que residen personas con condiciones especiales como él.

Pedro Álvarez en su casa costeada por la EPS .

Peter fue uno de los beneficiados, pues según las cifras, cada vez se reduce más el presupuesto para el programa de ‘Atención a población socialmente vulnerable o excluida’, que pasó de tener un presupuesto del 10% en el 2014, a uno de 9,4% para el 2015.

Sin embargo, cuenta que no ha tenido la misma suerte con las ayudas del Estado: “Había una convocatoria para discapacitados del país y yo me postulé para ver si me daban un subsidio o algún tipo de arriendo para casa.

Entonces la señora que me tomó los datos dijo que yo no postulaba, que yo ya lo tenía supuestamente todo. Ella me dijo que para subsidios ya no había presupuesto, que ya habían entregado casi todo, pero que igual me iba a tomar los datos”.

A finales de 2017, Pedro fue acogido por la fundación Mónica Uribe por Amor, una organización que ayuda a niños que sufren de Espina bífida, una enfermedad congénita del cerebro, la columna vertebral y de la médula espinal.

A pesar de que él no tiene esta condición, Sonia Uribe, la directora de la entidad, lo llevó por varias instituciones artísticas de la ciudad para que comenzara su tratamiento de arte terapia.

Muchas lo rechazaron por sus necesidades especiales, hasta que acudió a la Academia Blanco y Negro donde Luis Ángel se le midió al reto: enseñarle a hacer obras con la boca.

“La verdad fue una actividad bastante retadora porque nunca había tenido a una persona que pintara con la boca, además porque no solo tenía esa condición sino que había que adaptar todos los instrumentos, incluso hacer una rampa para que la silla de ruedas entrara por la puerta”, afirmó.

Peter es de Betulia, Antioquia. Tiene piel clara, cara ancha, ojos oscuros y cabello castaño que suele peinar de lado. Su personalidad es arrolladora, le encanta hacer chistes, la naturaleza y su gran amor es Atlético Nacional.

Fue su buena actitud el factor primordial que hizo que Luis lo aceptara en la academia, pues, como él cuenta, “empezó a hablarme como si no tuviera nada, ese tipo es muy positivo, de ahí se pueden sacar cosas muy buenas, entonces le dije que listo, que empezábamos a trabajar en enero”.

Las primeras clases fueron las más retadoras para Peter, pues había que acondicionar el espacio, descubrir qué técnica le servía más y enseñarle a su profesor cómo pintar con la boca.

Para él, coger el pincel no fue tarea difícil, pues se acostumbró a vivir con la boquilla de una máquina respiradora por más de 10 horas al día y desde hacía varios años, cuando aún estaba en la clínica, pintaba cerámica para obtener algo de dinero y ahorrarlo.

Ocho años después del primer diagnóstico y de diez meses de terapia en el taller Blanco y Negro, Peter es un hombre que renació a través de la pintura. No solo ha re-formulado su vida, sino que ahora crea obras con el pincel desde su boca. “A Pedro lo tenemos por talento, no porque esté en silla de ruedas, porque por silla de ruedas cualquiera estaría”, afirmó su maestro Luis Ángel.

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