Talia_Osorio

El Llano cuando era Llano

El sol ilumina la sabana con sus últimos rayos. Una mujer robusta, con un arrume de ollas sobre lo que parece un animal, sale de un pasto que sobrepasa su altura. A medida que se acerca al mercado, Talía Osorio ve un par de orejas entre el tumulto; luego cascos. Después, el meneo de una cola peluda: una mula.

El silencio del Llano lo interrumpen los ladridos de dos perros que persiguen a la mujer de las ollas. Hipnotizada por la imagen, Osorio piensa: «Esto es fantástico». Seis años después, esta antropóloga bogotana convierte el Llano en película.

Por María Alejandra García y Valeria Zapata
vzapata1@eafit.edu.co

Talía Osorio viaja por Colombia para contar una historia en la que las palabras no son suficientes. De eso se trata Enlazando Querencias, su primer documental que narra el Llano, esa tierra donde caballos salvajes corren en planicies inmensas, donde hombres, babillas, tigrillos y ganado conviven entre amaneceres y atardeceres de arreboles. 

Cuando está en el Llano, Osorio no teme montarse en un caballo salvaje, anda de morral y hasta imita los bramidos llaneros. Ahora, en la ciudad, parece que ha dejado la brusquedad en el sur y habla con una voz casi tierna, ya no está de botas pantaneras y bluejeans sino que tiene puesta una falda verde azul y morada que hace juego con sus gafas y zapatillas doradas. Sus crespos libres le llegan hasta los hombros.

Estudió Antropología en la Universidad de los Andes, pero la vena cineasta de su familia iba en su código genético. Junto a su amiga Francisca Reyes grabó entre 2009 y 2010 este documental con el que definió el rumbo de su carrera: «Francisca y yo nos conocemos hace 10 años. Ella también es antropóloga y un día me prestó su tesis para leerla. Era sobre el Llano y cómo la modernidad ha cambiado su cultura con la llegada del petróleo y la siembra de la palma africana. Desde que la leí dije: ¡esto es una película!”

Pero tenían un problema: no sabían cómo hacerla ni escribirla. Pasaron cinco años mientras entendían que un filme necesita personajes, historias, actos dramáticos e investigación, mucha investigación: “Por eso Francisca es tan importante porque es muy difícil profundizar en algo en lo que no sabes nada”. Reyes es llanera.

Llegaron al Llano en 2009 con las cámaras, los trípodes, los micrófonos y las luces al lomo de una mula. Después, cuando se dieron cuenta de que el trípode lo podían cambiar por caballos y las luces por mecheros y linternas, descargaron la mula y siguieron con las cámaras al hombro. Enlazando Querencias no es más que una invitación a celebrar la existencia del llanero, del llano que está vivo y que se encuentra allá, en el Casanare, y que todavía cría niños que sueñan con vivir a caballo, andar descalzos y enlazar reses”.

La película

Es difícil describir el Llano sin las vibraciones del arpa y del cuatro; el choque de las semillas de las maracas y alguna voz melancólica. Por eso, una canción llanera aparece cada tanto en el documental. Toto, un trabajador un hato ganadero, canta mientras el sol se esconde detrás de esa llanura que para él es el cielo: cuando el llanero es completo, no hay peligro que lo tranque. Se le baja a un toro fiero arriesgando que lo maten.

Enlazando Querencias está llena de notas que describen a ese llanero “completo para todo”, que anda descalzo, que ve el mundo desde el lomo de su caballo, que desde las cuatro de la mañana arrea sus vacas, que sabe matar el ganado y convertirlo en trozos de carne. Es un homenaje a él y a la inmensidad de esta planicie colombiana, que es 350 veces más grande que el Valle de Aburrá:

“No queremos solo mostrar el paisaje, sino tratar de explicar que ese paisaje es así porque nosotros lo transformamos. Queremos mostrar cómo cada cultura actúa de acuerdo con sus circunstancias y que no hay paisaje sin gente, ni gente sin paisaje”.

Finalizada la grabación en 2012, Osorio y Reyes recibieron el apoyo del Fondo de Cultura de Casanare para financiar la postproducción. Ahora, recorren el país con este primer proyecto finalizado y con otros nuevos en la cabeza.

Camuflados en el Llano

Tomada de Facebook Enlazando Querencias

Cortesía: Enlazando Querencias

Para entrar al Llano hay que dejar a un lado el lenguaje de la ciudad. Olvidarnos del carro y ensillar el caballo, disfrutar de la doma de un toro mañoso y, en vez del celular, saludar a algún compadre por la radio local.

“Cuando se convive con la misma gente más de 30 días, uno se vuelve parte de ese paseo. Se genera una amistad donde nos volvemos partícipes de sus códigos culturales y su forma de vivir. Uno aprende a amar también ese lugar.” Así lo vive Osorio, cuya ópera prima como directora, enfrenta la dificultad de abarcar esa sabana infinita en sólo 72 minutos de largometraje. Por eso Reyes, su compañera de producción, le propuso una nueva tesis, esta vez sobre caballos salvajes. 

“El Llano me atrapó. O más bien, Francisca” dice Osorio riéndose. A caballo será la continuación de esta aventura. Ya no será el llanero,  sino sus niños y mujeres quienes serán protagonistas, y junto a ellos potros que parecen con un motor en cada pata, animales que relinchan y que, como adolescentes, se rebelan ante quien los quiera domar. 

El rostro de Osorio refleja tranquilidad y satisfacción. Más que una película, esta antropóloga quiso, a través de sus imágenes, contar un país que muchos de sus habitantes todavía desconocen: «Los colombianos hemos visto más historias de gauchos o cowboys que de nuestros llaneros». Enlazando querencias es, pues, su deber cumplido. 

 

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