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El patrón del mal no es Escobar


A través de una entrevista, Luis Alirio Calle recuenta a modo de conversatorio, cómo se desarrolló su vida en un contexto caótico en la ciudad de Medellín.

El periodista Luis Alirio Calle acompañó la entrega a las autoridades de uno de los hombres más peligrosos, más ricos y más polémicos en la historia de Colombia: Pablo Escobar.

Cuando estuvieron frente a frente, se sorprendió porque el capo no era lo que esperaba. Hasta el día de hoy, Calle aún no entiende cómo alguien que parecía “formal, como decimos nosotros” era, al mismo tiempo, uno de los criminales más buscados del mundo.

Escuche la entrevista con Luis Alirio (audio entrevista)

¿Cómo recuerda usted a Pablo Escobar luego de la entrevista que pudo hacerle el día de su entrega a la justicia?

Yo le mandé una carta pensando en la posibilidad de entrevistarlo y él me contestó diciéndome que se iba a entregar y que quería que yo estuviera en la entrega. Entonces, pude estar el día que él se entregó a la justicia.

Después, ¿cómo lo recuerdo? Escobar era un tipo tranquilo, jovial, risueño, como el que no teme nada, como el que no está nervioso ni preocupado, atendiendo a la gente como si él fuera el anfitrión.


Más que entrevista fue una declaración de Escobar y no más, así lo recuerdo.

En el momento de la entrevista con Pablo Escobar, ¿usted fue libre de preguntar lo que quisiera?

No, no fui libre para nada. Fui allá por voluntad de él y él tenía un comunicado de cuatro hojas oficio.

Yo llevaba una grabadorcita de audio y en esa grabadorcita grabamos ese comunicado leído por él, y me dijo: “Es todo lo que quiero decir”, y yo le dije: “¿Cómo así? ¿No puedo hacer otras preguntas?”, y me dijo: “No, no, porque ahí está todo dicho, todo lo que yo quiero decir, no quiero empantanar el proceso legal que viene, para eso me entregué”.

Entonces efectivamente sí me sentí limitado. Me dejó hacer dos o tres preguntas, sin embargo, pensaba en la gente que estaba afuera esperando a que yo llegara con la respuesta de Pablo, diciendo que él si tumbó el avión de Avianca, que él sí mató a Galán, que él esto y esto, y yo no pude preguntar nada de eso.

¿La imagen que usted tenía acerca de Escobar cambió luego de haberle hecho la entrevista?

No me coincidía la imagen que vi en la cárcel con la que yo tenía del hombre que había mandado a poner tantas bombas, a tumbar un avión, responsable del asesinato de personajes como el director de El Espectador, Guillermo Cano; tantos jueces y magistrados; candidatos a la presidencia, empezando por Galán; ¿qué hace que una persona llegue a estos extremos?, ¿qué de la cultura, de la sociedad, de la educación, del sistema que somos, puede conducir a hacer lo que él hizo y, sin embargo, mostrar un rostro de persona amable, tranquila, decente?, no sé, era difícil de entender.

¿Qué momento de la historia de Colombia recuerda durante la época de Pablo Escobar?

Hay muchos momentos que a mí me llenaron de espanto, de asombro. Recuerdo la bomba de San Juan, la de la 70, la de La Macarena, la del río al frente de la Policía, la que pusieron frente al hotel Intercontinental, y otras, a mí se me movía el piso de todo lo que me habían enseñado en materia de valores.

Y me preguntaba: “¿Pero lo que me enseñaron era pa’ mi solo o era pa’ todos?, ¿esto le funciona a unos y a otros no?, ¿esta gente no le tiene miedo a la ley ni a nada ni a la justicia?, entonces a mí se me agrietaba el mundo de los valores, de la moral.

Y segundo, el miedo. Tenía esa percepción de que los periodistas en esa época trabajamos con temor, era un periodismo miedoso.

Fue una época difícil para Medellín, durísima, pero yo nunca he justificado que a Medellín la llamaran “la ciudad más violenta del mundo”, porque decirlo es ponernos a todos los ciudadanos en calidad de violentos, la ciudad somos los ciudadanos, no los edificios o las calles; otra cosa hubiese sido decir: “Medellín, una de las ciudades donde más hechos violentos suceden”, eso es otra cosa.

Nunca me sentí parte de “la ciudad más violenta del mundo” en el sentido de que yo no lo era, no podía aceptar que el resto de los colombianos me tuvieran miedo a mí porque vivía en Medellin, como si yo también fuese un violento. Eso era lo que uno no podía comprender a cabalidad.

¿Qué fue lo más importante que él dijo en ese comunicado?

Lo más importante era por qué se entregaba, con qué expectativas se entregaba, y que él quería que viniera sobre Colombia un momento de paz.

Le agradecía a la Constituyente haber negado la extradición de colombianos, que fue por lo que él le montó una guerra al Estado.

¿Qué opina usted de la demolición del edificio Mónaco?

Mire, para mí la demolición del edificio Mónaco no es la demolición de la historia. Es convertir ese derribamiento en un símbolo, porque va a haber un parque ahí.
Lo que uno espera es que en ese parque haya muchas manifestaciones culturales en favor no solo de esa historia, sino de todas las historias.

Ojalá sea un espacio con manifestaciones artísticas de toda índole: música, pintura, literatura, teatro, danza, etc. Además, que haya certámenes académicos que hagan posible la conversación de los habitantes de Medellín en torno a su propia historia.

¿Qué significado puede llegar a tener?

Quiero ver ese derribamiento como el comienzo de la demolición de la imagen que tenemos, de una manera de hacer dinero, es decir, del “patrón del mal”.

Que comience en nosotros, interiormente, la demolición de un paradigma, de un modelo: ese patrón del mal.

Una telenovela presentó a Escobar como el patrón del mal, para mí el patrón del mal no es Escobar. El patrón del mal es una medida, una actitud, una forma de ser de la sociedad que nos cruza a todos. Más que ser el patrón, Escobar le trabajó al patrón del mal, era su peón. Por eso hay corrupción, violencia, oscuridad, impunidad.

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