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La luz tras bambalinas


Muchas veces vemos los resultados de un largo proceso de creación, pero no solemos preguntarnos por aquellos que lo hicieron posible.

Luz María Ostau de Lafont tiene 29 años, es egresada en Ciencias Políticas de Eafit y, aunque no la vemos, está detrás de la mayor parte de los proyectos de innovación y emprendimiento que se están desarrollando en Medellín, gracias a Ruta N (Centro de Innovación y Negocios de Medellín).

Por Camilo Andrés Corredor
cacorredor@eafit.edu.co

Es la asistente ejecutiva de Alejandro Franco, el director de este abanderado del avance de la ciudad en términos de ciencia, tecnología e innovación. Con su carisma y alegría, Luz María contagia a los que la rodean, impregnando a sus proyectos y a la ciudad con la esencia del júbilo que la caracteriza.

¿Qué era lo que más le gustaba hacer cuando era pequeña?

Cuando jugaba barbies con mi primita, me acuerdo mucho de los juegos. Jugaba demasiado, tenía mucho espacio, mis papás me dejaban, tenía

juguetes, me sabía divertir.

¿Qué era lo que le daba más miedo? y ¿ahora?

¿En la infancia? Los fantasmas, el que se me fuera a aparecer un muerto por ahí, eso era lo que más me daba miedo. –Y en este momento, ¿qué es lo que le da más miedo?– También los fantasmas (risas).

No, mentira, en este momento son ya miedos de adultos, pues, de ¿será que sí voy a poder? ¿Sí estaré por el camino que es? ¿Sí podré pagar el arriendo el próximo mes? (risas). Como ya me solté al mundo independiente, entonces es como: Juepucha, ¿sí voy a poder con esto?, ¿sí voy a poder con esta responsabilidad?

Cuándo le preguntaban que iba a ser cuando fueras mayor, ¿qué respondía? ¿Por qué?

Bueno, muy chiquita decía que quería ser astronauta, porque siempre me han encantado las estrellas, los astros y la ciencia.

Ya más grandecita, decía que iba a ser profesora, entonces fue muy charro porque yo no soy católica y no sigo ninguna religión, pero yo decía que quería ser profesora de religión, por qué, porque en la clase de religión me enseñaban historias de culturas diferentes y eso es lo que más me gusta. Después decía que profesora de arte y de sociales, obviamente, entonces ahí ya se me empezó a ver la vena humanista.

¿Por qué decidió ser politóloga?

Un politólogo es el que está analizando los cambios, las relaciones de poder detrás de cualquier cosa. Nosotros no tenemos un accionar concreto.

No me guie para escoger la ciencia política por lo que hace un politólogo, sino porque me metí a ver las materias y en verdad eran lo que más me gustaba, porque reunían varias disciplinas, tiene un enfoque de historia, economía, geografía y de filosofía muy fuerte, en Eafit somos muy fuertes en eso, mucho énfasis en la lectura, en la escritura, que es lo que a mí me gusta.

Es muy interesante porque es más por la cotidianidad del politólogo, que es analizar todas esas cosas de la sociedad, todas esas variables, entonces chévere, fue por eso.

¿Cómo le iba en el colegio y en la universidad?

En el colegio me iba súper bien, era muy buena estudiante. Era muy charro porque yo era una nerda, pero era una nerda que no era asocial para nada, tenía muchísimas amigas y como que las niñas del salón, incluso las que eran más necias, me querían así yo fuera una nerda.

En la universidad me iba muy bien, ya no era tan alumna estrella como en el colegio, en la universidad ya tenía más competencia y ya no era tan nerda como en el colegio.

De la universidad recuerdo muchísimo a un profesor que tuvimos en primer semestre que daba las clases de Historia de la Filosofía, Historia de Grecia uno, y eso fue lo más enamorador del mundo, me acuerdo mucho de su clase, como nos apasionaba la historia de Grecia y ya a empezar a ver la filosofía griega.

Fotografía tomada durante la entrevista.

Si pudiera decirle algo a la Luz María de hace veinte años, ¿qué sería?

Le diría que siguiera muy apasionada por lo que haga, que no se deje llevar por lo que diga la sociedad o lo que digan las amiguitas o lo que esté de moda, si no que siga fiel a lo que ella le gusta porque por ahí va por muy buen camino.

Le proponen protagonizar una película que le gusta mucho, ¿cuál sería? Y ¿por qué?

(Risas) Me encantaría decirte que la película de mi vida, pero no voy todavía en ese momento de mi proceso (risas), a eso quiero llegar. Lo ideal sería decirte que la película de mi vida, porque estoy demasiado feliz con mi realidad.

Pero como tengo que ser honesta contigo, entonces te voy a hablar un poquito desde la sombra, y la verdad me gustaría protagonizar una historia en la que yo fuera una persona muy famosa, muy exitosa, que se relacionara con muchas personas y viajara por todo el mundo y pudiera ayudar a muchas personas, que pudiera tener un trabajo medio humanitario tipo la ONU, de mucho relacionamiento, de contacto con muchas culturas.

En el futuro de pronto te estoy contando que ya soy la protagonista de esa historia, por ahora creo que estoy construyéndola.

¿Qué visión tiene de la ciudad y de los ciudadanos?

¡Uy!, bueno, a mí Medellín me parece una ciudad apasionante, tiene una historia muy interesante que en verdad los invito a conocer, porque es una ciudad donde han pasado tantísimas cosas muy dolorosas que nos han llevado a ser muchísimo mejores y que tiene una cosa muy particular, que es el amor que le tienen los ciudadanos a su ciudad y eso hace que hoy tengamos lo que tenemos.

Por ejemplo, hoy aquí donde estás sentado, acaba de terminarse en esa sala del frente, el Comité Universidad Empresa Estado (CUEE), que es un comité que reúne, una vez al mes, a los líderes de las compañías más importantes, miembros del sector público y los rectores de las universidades, que vienen a hablar sobre su visión de ciudad, porque en serio no pasa en otras ciudades, o es muy difícil que pase.

Entonces es bonito ver que esta ciudad, con tanto dolor, ha podido tener esas conversaciones y por eso hoy tenemos algo que es muy cercano a un proyecto de ciudad, el medellinense sabe que este territorio es sagrado, lo tomamos como tal y lo queremos proteger y protegemos las instituciones que hay en ese territorio.

Ante la opinión pública, ante el ciudadano, a pesar de que las relaciones estén fragmentadas por debajo, debemos mostrar una imagen de unión, tú me podrías decir: “ay pero eso se queda en la superficie, ¿dónde está el contenido?”, yo te diría que en verdad es importante proyectar ese tipo de imágenes de unión y creo que esta ciudad ha sido exitosa en eso, en mostrarnos como una ciudad competitiva, de avanzada, una ciudad que siempre piensa en cómo mejorar, no significa que olvidemos nuestros retos, pero sí queremos mirar pa’delante.

Cuando era chiquita no tenía esa conciencia o porque la ciudad se ha transformado mucho en los últimos años, no recuerdo ver que Medellín tuviera tanta inclusión social, que estuviera tan pensada desde lo diverso, en cambio hoy, por ejemplo, me llegan noticias de colegios donde ya es aceptada la diversidad sexual de forma abierta, en los que ya estamos teniendo muchísimos niveles de inclusión interracial, porque la ciudad está conformada por diferentes etnias. Convivimos las generaciones. Soy una enamorada de la ciudad.            

Si los dinosaurios robot láser atacaran en este momento, ¿qué haría?

(Risas) Yo los invitaría a que nos ayudaran con sus láseres (risas) a atacar otras cosas, de pronto usar esa tecnología para construir otras cosas, por ejemplo, no sé si sabes que aquí abajo queda el laboratorio de innovación, es un espacio para que empresas, colegios y el gobierno vengan a solucionar los retos que tienen con ciencia, tecnología e innovación, entonces, ahí tienen una serie de herramientas como impresoras 3D, cortadoras láser, soldadoras, todo lo que se necesite para hacer un producto, una serie de metodologías que es todo lo que se necesite también para hacer los procesos dentro de las empresas y tiene un acompañamiento de profesionales expertos en innovación.

Yo les diría a esos dinosaurios que más bien vengan y nos ayuden a crear ese tipo de prototipos, con esa gran herramienta que serían sus rayos láser.   

¿Qué cree que le aportas a las personas cercanas a usted? y ¿por qué?

Les aporto calma, porque tengo una energía muy alegre, entonces cuando hay momentos de tensión, o las personas están en una reunión, les aporto esa tranquilidad, esa cercanía y permito que se haga el relacionamiento. 

¿Cuál es su más grande tesoro? Y ¿por qué?

Mi más grande tesoro es la determinación que tengo por transformarme, llevo un camino de búsqueda de conocimiento de mí misma desde hace unos años y lo que más cuido es ese espacio que me estoy dando a mí misma y que creo que nunca se va a acabar, pero es esa determinación, porque yo te diría, ¡no!, tengo una familia muy linda y todo, pero creo que todo lo que gira en torno a mí, sale es de esa búsqueda por la transformación.

¿Tiene alguna manía?

Sí, a veces cuando estoy ansiosa muevo el pie (risa), por ejemplo, ahora estoy moviendo el pie, o cuando ya estoy muy nerviosa me río mucho, soy muy expresiva, entonces ya exagero, bueno, podríamos llamarlo una manía.

¿Qué le aporta a la ciudad y cómo lo hace? No sólo en su trabajo, sino también en su cotidianidad.

Le aporto a la ciudad un ser en constante transformación y que está trabajando cada día para servir desinteresadamente, no desde el ego, sino desde la vocación de servicio, pues tenemos ese propósito común, eso se lo aporto tanto personal como profesionalmente.

Acá lo que yo hago es tratar de conectarme cada vez más con mi trabajo para poder dar lo mejor de mí, es un trabajo del sector público que tiene un impacto directo en la sociedad, aunque es difícil de ver y de cuantificar, si yo, que soy la asistente ejecutiva del director de Ruta N, no hago bien mi trabajo, los recursos que tiene esta organización para funcionar no van a tener el impacto que se necesita, entonces tengo que estar muy concentrada y juiciosa, pues trabajando y transformando personalmente. 

¿Cree en la vida después de la muerte?

Sí… lo creo desde dos puntos de vista, ya por mis creencias personales, sí creo y más que eso, quiero creer que había algo antes, o sea, que yo era antes y voy a seguir siendo, en todo caso de que no sea así, también creo que la vida es todo esto y cuando yo me vaya de acá, que sea el momento de mi muerte, esto no se va a acabar, va a seguir naciendo vida en diferentes formas, tanto en forma de ser humano como de animales, plantas, el aire, el fuego, todo eso va a seguir existiendo, entonces de alguna u otra forma sí creo en la vida después de la muerte. 

¿Alguna frase/palabra que diga todo el tiempo?

Creo que digo mucho “listo” y ¿por qué sé?, porque cuando convivo con personas de otras culturas eso es lo primero que preguntan que qué es en español, entonces creo que es porque oyen que lo digo mucho.

¿Insulto favorito?

¡Jueputa!

¿Qué es lo que la hace sentir más frustrada?

Cuando las cosas no salen como las quiero, porque soy una controladora de primera, entonces quiero que la gente haga lo que yo quiero, que las cosas estén cuando yo quiero, a la hora que yo quiero, como yo las quiero, si tengo ganas de salir, pues que mi esposo también tenga ganas de salir, sí soy como medio controladorcita, entonces eso es lo que más me frustra.

¿Cuál es su mayor sueño?

Mi mayor sueño es sentir mucho bienestar, o sea, seguir en un proceso de transformación que me permita llegar a un bienestar más constante o, por lo menos, más consciente y también tengo un gran sueño de ser mamá y seguir aportando en lo mío, o sea, seguir construyendo mi vida, pero en particular, ser una muy buena mamá.

Si pudiera ser cualquier cosa o cualquier persona ¿qué/quién sería? ¿Por qué?

(Risas) Ahí sí te tengo que contestar que volvería a ser yo, porque como no conozco los procesos de las otras personas me da mucho miedo, cada uno tiene su dolor y yo con el mío, pues bueno, es el mío, pero qué susto uno meterse en el dolor de otro y no es el que me corresponde.

¿Puedo meter animales? Sería un caballo, me encantan los caballos, me parecen unos animales divinos, me encanta como corren, además de que son hermosos, su olor, su pelito, me gusta que cuando prestan servicio son súper nobles.

Tenemos una máquina del tiempo y podemos ir a cualquier época y momento de la historia, ¿a cuál iría? ¿Qué haría? ¿Por qué?

Ya lo he pensado, por pura curiosidad, pero que no me vean a mí, iría a Roma, al auge del Imperio Romano, pero es porque me gusta mucho la historia de Roma. Me hubiera encantado estar, con la conciencia de hoy, pero verlo, el momento en el que se encontraron los indígenas de América y los españoles, me parece una cosa demasiado bacana ver cómo fue eso, cómo se miraron, desembarcaron en una playa y qué pasó, se bajaron del barco y los otros cómo los examinaban, pues muy muy interesante. 

¿A quién admira? ¿Por qué?

A mi mamá, porque es una mujer muy alegre, servicial, emprendedora, tiene 63 años y quiere seguir emprendiendo, que miremos a ver qué hacemos, que en Urabá hay muchas cosas para hacer, que nos vayamos para allá, que eso es un polo de desarrollo.

¿Cuáles son sus planes a futuro?

Siempre, siempre, seguir con un proceso de transformación, esa es la constante, además de eso, quiero seguir trabajando mucho y seguir aportándoles a la ciudad y al país, desde el sector público me ha parecido una experiencia muy chévere, pero en mi futuro quisiera tener un cargo en el que tuviera más responsabilidad en términos de relacionamiento, me gusta mucho la conversación con otras culturas, entonces quisiera que mi trabajo tuviera ese rol.  

¿Cómo vive la ciudad?

Yo vivo la ciudad de una forma muy tranquila, me gusta recorrerla, sí he tenido experiencias feas como de inseguridad, pero no voy con esa prevención. Me gusta mucho caminar, sentarme en las tienditas de esquina, los bares, lo que me encuentro por ahí, entrar a los almacenes, hablar con la gente, me gusta el clima, ir a los corregimientos, tanto lo rural como lo urbano me gustan. Me gusta en serio montar en transporte público, lo disfruto mucho, saberme las rutas, que para dónde vamos. Así la vivo. 

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