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Museo Collage Abraxas: entre imágenes e ideales

Entrar al Museo Collage Abraxas es sumergirse en otro mundo. Fotos, libros e imágenes recortadas de revistas, cuadros y pinturas reciben a los curiosos invitados, expectantes de tanto estímulo. La primera sensación: el olor es como a “guardado”.

Por Waira Guerrero y Carolina Arroyave

Hace 30 años Abraxas Aguilar comenzó con el proyecto de hacer el museo collage más grande del mundo. Su propósito es dejarle un testamento a la humanidad de todo lo que ha venido pasando en el Planeta durante décadas.

A Abraxas suelen interesarle los problemas sociales y los procesos culturales y comunitarios; mientras hablamos con ella, suena una música underground de fondo.

El cambio climático, por ejemplo, “es una cosa que nadie me ha parado bolas y lo dije desde el 99, y ahora mire como estamos”, explica mientras muestra el libro sobre política que escribió justo después de terminar la universidad.

Ella solía ser él; hasta 2005 fue Jorge Hernán Betancur Aguilar, luego se “transformó”, dice haciendo un especial hincapié en la palabra a la cual tanto recurre, en Abraxas Aguilar Betancur.


“¿Qué cómo fue mi transformación?, no hemos podido entender que todo viene desde el espermatozoide y del óvulo; si la X es bien fuerte será femenina, con senos, y si le preguntan en mil encarnaciones que si quiere volver a ser mujer, no lo duda, eso es identidad de género total, hasta para volver a nacer, ni siquiera tiene que experimentar”.

«Y si es bien macho nace con unas güevas bien grandes. Entonces eso viene de allá, ¿cuál género?, el género es masculino o femenino. Si tiene la Y muy fuerte es machorrita, y si tiene muy débil la Y es gay, o es una trans como yo, que soy transcultura, rompo la cultura de la etiqueta masculino-femenino, a mí me importa un bledo eso, yo vivo en mi cuerpo, lo que le pongo es un collage”.

Y sí, toda ella es un collage. Su espacio no podía reflejar otra cosa que el sin número de ideas y pensamientos que habitan en su cerebro.

Es abogada, escritora, artista, investigadora. Fue política, asesora jurídica y quiso ser sacerdote, pero su poder intelectual se veía cohibido. Luego, al intentar con la política, se lanzó como candidata presidencial en 1998.

Son las 3:00 p.m. del viernes 31 de agosto y Abraxas se prepara para recibir a las personas que vendrán a su evento: Museo Abraxas, Guinness World Records Collage.


Su propósito es enviar a Inglaterra muestras, que incluyen fotos, videos, medidas y número de imágenes, para que su collage sea reconocido como el más grande del mundo por los Guinness Records.

“No es fácil”, dice. Tener más de 2.000 imágenes pegadas por todas las paredes de una casa antigua requiere tiempo y dedicación. Su casa/museo está ubicada en el centro de Medellín, barrio La Paz, tiene cinco habitaciones y una de ellas es su oficina donde hay un escritorio, una silla y sus diplomas que se mezclan con la cantidad de imágenes.

Algo particular en las más de 2.000 imágenes es que en muchas de ellas se encuentra la cara de Abraxas, ya sea pegada en el cuerpo de mujeres o de algún político. Además de un sinfín de cosas: caras de famosos y no famosos, mujeres desnudas, la Mona Lisa, imágenes religiosas, de frutas, huevos, animales, flores, construcciones, etc.


Y todos los días ella agrega mínimo un recorte a su collage, ya sea de algo que vio en una revista o una imagen que alguien le regale.

Hablar con Abraxas es divertido, pero confuso al mismo tiempo. No saldrán de su boca frases sencillas ni ideas triviales. Más bien se encuentra uno con un montón de ideas diferentes, que finalmente buscan encontrarse (como un collage).

Ella tiene el poder de envolverte en respuestas que algunas veces entiendes, otras te ponen a pensar y con otras simplemente te preguntas: ¿de qué estará hablando?

Sus ideas son fuertes, al igual que su cara, brusca, con rasgos de hombre y voz grave. Recurre a cogerse el pelo una y otra vez, suele acariciárselo cuando se ríe.

El museo, además, funciona como café, donde puedes comprar cervezas y vino, y divagar con tus amigos entre imágenes y objetos. Hoy el café está lleno, las personas están parchadas en compañía, disfrutando de una proyección de video que se hace en el único lugar de la casa donde hay un espacio en blanco, como a tres metros del piso.

Entrar al baño es miedoso. Te recibe una luz tenue, y luego se ven imágenes de senos, vaginas, penes, y modelos en todas las paredes. Alrededor de la ducha, que no la usan como tal, hay telarañas de las que se usan en Halloween, con peluches pegados.

La parte de atrás del museo es un caos. Antes de llegar ahí hay una lavadora en la que, creemos, Abraxas lava su ropa.

Cuando comenzó a llegar la gente al evento, ella se escondió, entró a una puerta chiquita que estaba escondida entre recortes de revistas, de donde se demoró dos horas en salir.


El patio trasero es también un collage, pero en el piso. Hay un caminito de recortes de baldosas en el que ninguna encaja con otra, hay matas por todos lados y un “escenario”, como ella lo llama, que es donde se para a hablarles a las personas que lo visitan.

Es casi imposible describir todo lo que hay en este lugar. Está lleno de tantas cosas que podríamos dedicar otras 10 hojas solo mencionando lo que vemos en el patio de atrás.

Tanto el Museo Collage como Abraxas generan todo tipo de sensaciones en quienes vienen a visitarlos. Nunca, por mejor observador que sea, quien entre al universo de Abraxas va a terminar de ver el conjunto total de lo que hay o de lo que ella es.

Y si se regresa, siempre se encontrará algo nuevo.

 

 

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